El punto de partida del diseñador no son los signos visuales, el origen es el cómo se representan los mensajes que emiten los clientes, ya sea de forma oral o escrita.


Según Esqueda, el diseñador gráfico debe entender las necesidades del cliente, para entenderlo utiliza los signos gráficos y lingüísticos. Muchas veces los mensajes se entienden de manera intuitiva.
Esqueda realizó un estudio donde se concluyó que las figuras retóricas (sinecdoque, metonimia y metáfora) eran aquellas que transformaban el mensaje en algo visual.
La teoría de Llovet y Munari plantea que todo lo que nos rodea funciona como un mensaje. Ese mensaje se puede descifrar analizando sus detalles y características específicas de forma ordenada.
Mientras que LLOVET argumenta que un diseño como el cepillo de dientes puede reducirse a un texto que define sus dimensiones, materiales y funciones.

MUNARI lo aplica a la naturaleza, describiendo el naranja como un objeto industrial casi perfecto. La cáscara sirve como un contenedor y las demás partes son las que de alinean perfectamente con su forma y uso.
Este método de traducir cosas en palabras ayuda al diseñador a identificar la esencia de un producto.


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